“Dadle a una mujer el calzado apropiado y conquistará el mundo”
Mi propio apodo lo reconoce, soy Adicta a las compras, efectivamente, pero he de reconocer que en mi caso la adicción es mucho más grave en ciertos establecimientos, y en particular en algunos muy específicos, donde la adicción se convierte en obsesión y en una real y práctica pérdida del que ya es considerado como el menos común de los sentidos.
Personalmente no sufro de compulsividad alguna frente a los electrodomésticos, por ejemplo, de gama blanca o marrón, no sé siquiera si existe una gama azul o una de color pistacho..(por cierto, ¿no resulta curioso denominar con colores las gamas de algo que sólo se produce en blanco, negro y acero inoxidable?). En fin, el caso es que no termino de encontrar el encanto a visitar estas grandes superficies donde televisiones, Gps y frigoríficos están perfectamente alineados, con sus correspondientes ofertas del mes y donde es posible sentir la mirada furtiva de los dependientes acechando ante un posible comprador, al que además de vender el congelador, pueda venderle también el último modelo de placa vitrocerámica o una antena parabólica, según se tercie. No, verdaderamente no me causa ningún tipo de emoción; personalmente mi cocina fue diseñada por un equipo de profesionales y mis especificaciones en el apartado de electrodomésticos fueron de lo más básicas, casi limitadas a un vocabulario digno de primaria. Cocina: inducción y grande, frigorífico: americano; lavadora…¿Qué se puede decir de una lavadora, más allá de que me cuide la ropa y lave? ¿y de un fregaplatos? En fin, reconozco mi absoluta ignorancia en estos temas, eso sí, también añado que la elección de las puertas de los muebles, la encimera, el papel de la pared y hasta los focos de iluminación, no fue ni mucho menos tan fácil…pero el tema de la decoración lo abordaremos quizás en otro post en un futuro, ya que ahora podría considerarlo un tema sensible y candente en mi vida: me encuentro inmersa en la decoración de la terraza; capítulo que podría dar para muchas páginas.
Retomando la problemática de falta de control en establecimientos o departamentos concretos, especifico que hablamos de las zapaterías. A lo largo de mi vida he conocido muchos casos similares al mío. Por supuesto hay otras mujeres que sienten absoluta debilidad por los bolsos, los accesorios o el maquillaje, y algunos hombres por los coches, aparatos tecnológicos o videojuegos; pero en mi caso, sin duda alguna, el calzado es mi criptonita. ¿Por qué es así? ¿Qué tienen los zapatos, que tan solo con su digna presencia en un escaparte son capaces de dilatar las pupilas y enamorar a primera vista de tal manera que si no forman parte de tu zapatero en el momento justo y en el momento preciso producen un alicaimiento absoluto del estado del ánimo, ocupando pensamientos y torturando la mente durante días o incluso semanas?
No puedo explicarlo, pero tampoco evitarlo. Como en mi anterior post, he recurrido a la wikipedia, esa fuente de saber del siglo XXI que ha extinto de raíz ese espécimen conocido como “vendedor de enciclopedias”, todo un concepto con acepciones y cualidades propias y definibles. Mi búsqueda ha sido sobre el Fetichismo, que según parece es la devoción hacia los objetos materiales. El fetichismo es una forma de creencia o práctica religiosa en la cual se considera que ciertos objetos poseen poderes mágicos o sobrenaturales y que protegen al portador o a las personas de las fuerzas naturales.
¿Poderes mágicos contra las fuerzas naturales?, particularmente no creo que los zapatos dispongan de semejante capacidad, si bien sí podría considerarse como cierta su potencia estética y psiquica. Unos zapatos son, bajo mi punto de vista, los protagonistas de todo un conjunto, de todo un estilismo, pueden mejorarlo hasta hacerlo exquisito, o pueden arruinarlo. Unos zapatos dan forma a la actitud, configuran la expresión, y en último lugar la propia personalidad, una manera de enfrentarse a un momento o a la vida en general. Desde luego, unos jeans y una camisa con unas bailarinas, o unas botas UGG; no predisponen de la misma forma que unos Louboutins de tacón con 15 cm en ese mismo look, con un bolso de mano.
Bette Midler dijo: "Dadle a una mujer el calzado apropiado y conquistará el mundo"
No hay mejor cita que refleje lo que verdaderamente simbolizan los zapatos.
Algunos expertos en belleza han señalado que la edad y la clase de una mujer se define a través de las manos, pero desde luego, creo que el mismo rol puede asignarse también al calzado.
Los zapatos junto con los labios, son una de las formas más elegantes y sensuales de transmitir erotismo, feminidad, y estilo. Son un espejo de la personalidad y del carácter.
Particularmente siento devoción por el tacón alto, quizás por la limitaciones de mi propia altura, pero creo que fundamentalmente porque con unos tacones altos, de no menos de 10 cm dan fuerza y coquetería, una combinación explosiva que permite enfrentarse al mundo con energía y vitalidad, con paso firme pero delicado al mismo tiempo. Poco a poco he ido aventurándome en el zapato plano, unos mocasines de Tods, o unas bailarinas de princesita inocente, obteniendo ese look que trasmite simpatía, espontaneidad, diversión, libertad.
Cada calzado otorga unos atributos, unas definiciones que normalmente no se alejan en demasía de la propia personalidad o del ánimo de quien los lleva y por ello considero absolutamente fundamental otorgarles la importancia y protagonismo que merecen; quizá no de manera obsesiva-compulsiva, pero sí con la consciencia de su importancia.
Esta importancia del calzado es tan aplicable a las mujeres, como a los hombres; hasta tal punto en este segundo caso, que algunas mujeres, como yo, el primer punto de mira para dar una oportunidad o no a un chico es analizando los zapatos. Ahí queda, es un hecho, porque nuestra primera impresión siempre es visual; resulta incluso menos superficial que mirar a los ojos o a la sonrisa.
Opino asimismo que es mejor tener pocos y buenos que muchos y malos (me refiero a los zapatos, no a los hombres) , es necesario evitar aquellos de material plástico que terminan siendo poco saludables para los propios pies. Los que no pueden faltar: los básicos, monocolor y fácilmente combinables. Los especiales, aquellos con los que completar el look, que tiene un “algo”: un color, una forma de tacón, un detalle, una firma, los que siempre triunfan. Los de la última temporada: con flecos, con cordones, con cremallera, cowbows…y por supuesto, los más cómodos, pero estilosos, para poder enfrentarnos a esos días de ánimos más bajo o con look informal , pero sin perder el gusto por el vestir y presentarnos al mundo de la mejor manera: con una sonrisa y unos buenos zapatos.


